Estrella Solitaria · Boletín n.º 17 · Octubre 2026 · Editorial

40 años

Padre Pablo González

Queridos fieles:

El domingo 20 de julio de 1986 se fundó el Priorato Cristo Rey de la FSSPX, en calle Chile – España 105, en Ñuñoa. Ya han pasado 40 años desde aquel lejano domingo, 40 años llenos de alegrías y tristezas, de éxitos y fracasos. Pero aquí estamos celebrando este aniversario, estamos vivos, la obra ha perdurado y se avizoran, es verdad, tiempos difíciles para el futuro, pero también llenos de esperanza en que el buen Dios seguirá protegiendo a la Tradición católica en nuestro querido Chile.

Es entonces un aniversario importante y permítasenos entonces escribir algunas líneas acerca de este número que en las Sagradas Escrituras aparece muchas veces, de hecho, 90 veces.

Sí, porque este número simboliza varias cosas, entre ellas un tiempo de prueba en la fe, en la perseverancia y también simboliza un tiempo de conversión. Por último, es también símbolo de la madurez.

«Dios no necesita números; necesita almas fieles que estén dispuestas a todo.»

Veamos un poco: 40 días y cuarenta noches duró el diluvio y después de él, los sobrevivientes, Noé y sus hijos y esposas, volvieron a poblar la tierra, hubo un nuevo comienzo tras el tremendo castigo por la infidelidad de los hombres. ¿Será el priorato una pequeña arca de Noé, que sea el punto de partida para que la Tradición vuelva a extenderse por Chile? Es hermoso pensarlo, pero esto requeriría que los que vamos en esa pequeña arca, seamos fieles a Dios y sus mandamientos. Hay pues, un gran desafío y tenemos que estar a la altura de él.

También por espacio de 40 días y cuarenta noches insultó Goliat al ejército de Israel, hasta que David el menor de los hijos de Isaí, lo derrotó habiendo puesto toda su confianza en Dios y no en los medios humanos. Algo parecido ocurre con nuestro priorato en medio de esta crisis en la que se insulta ya por mucho tiempo el nombre del Dios verdadero, alterando la verdad revelada con ideas humanas, que nada tienen que ver con las de Dios. Y nuestro Priorato Cristo Rey después de 40 años, al igual que David, va al combate contra la formidable bestia del Modernismo, con toda la confianza puesta en Dios, porque para Dios no hay nada imposible.

Prueba, perseverancia y madurez

Sigamos en este interesante ejercicio, el profeta Elías, fiel a Dios y enemigo acérrimo de las falsas religiones, fue perseguido por la reina Jezabel, que apoyaba a los profetas de Baal muertos por orden de Elías. Huyendo de la persecución, caminó 40 días y cuarenta noches hasta el monte Horeb donde se encontró con Dios, que le dijo “dejaré en Israel siete mil hombres, todas las rodillas que no se han doblado ante Baal, todos aquellos cuyas bocas no le han besado.” Bueno, somos 500 no 7000, pero Dios no necesita números necesita almas fieles que estén dispuestas a todo. Es éste, otro desafío grande para nosotros queridos hermanos, no doblar nuestras rodillas ante los falsos dioses del Modernismo.

Es interesante, notar que en este viaje Elías fue confortado con un pan que le llevó un ángel, el cual le dio fuerzas para llegar a su destino, lo cual también ocurrió con el pueblo hebreo.

Cuarenta años anduvo el pueblo hebreo en el desierto, por no haber tenido confianza en Dios y haber temido enfrentar las dificultades que implicaba conquistar la tierra que Dios le daba. Pero en ese largo viaje fue alimentado por ese pan misterioso que caía del cielo todas las mañanas, el maná, que les permitió llegar finalmente a la Tierra Prometida. Así también nosotros hemos sido alimentados en estos 40 años con la sagrada eucaristía, el pan bajado del cielo, que se hace en la santa misa, el tesoro más grande que guarda nuestro priorato. Este pan (al igual que el pan que comió Elías) nos ha permitido cruzar el desierto del Modernismo, desierto absolutamente estéril y sin vida.

Sí, fue un tiempo de prueba como lo leemos en el Deuteronomio: “Acuérdate del camino que el Señor te ha hecho andar durante cuarenta años a través del desierto, con el fin de humillarte, probarte y conocer los sentimientos de tu corazón y ver si guardabas o no sus mandamientos. Te ha humillado y te ha hecho sentir hambre para alimentarte luego con el maná, desconocido de tus mayores; para que aprendieras que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del Señor (Dt 8 2-3)

En este tiempo de prueba, en estos cuarenta años, cuántos pasaron por el priorato, cuántos al ver las dificultades que había que enfrentar, no siguieron adelante. Dios les pague en todo caso el bien que hicieron, la ayuda que prestaron para que la Tradición pueda estar viva hoy día.

Y por último, Moisés envió a un hombre de cada tribu a explorar la tierra de Canaán. Al cabo de cuarenta días regresaron con magníficos frutos. Y muchos buenos frutos también ha dado el priorato en estos cuarenta años, pero ciertamente Dios espera muchos más frutos de virtud, de sacrificio, de vocaciones, y de familias cristianas.

Hoy, el priorato muestra signos de estabilidad y de desarrollo, que auguran un futuro mejor. Muchos nuevos fieles se han acercado para abrazarse de las cristalinas aguas de la Tradición católica. Bendito sea Dios, cuya misericordia no tiene límites.

40, un número importante y significativo como hemos visto, cargado de simbolismo. Pero un número que no estaríamos celebrando de no haber sido porque un hombre se levantó para defender el honor de Dios, para defender la verdad a cualquier costo. Ese hombre cuya figura se agiganta con el paso de los años, es nuestro fundador, el Arzobispo Marcel Lefebvre.

Cuántas dificultades tuvo que enfrentar, cuántas humillaciones tuvo que sufrir. Y sin embargo, mantuvo firme en la defensa de la Tradición católica. Podemos decir con orgullo que visitó nuestra patria varias veces, habiendo venido por primera vez el año 1977, antes de la fundación del Priorato Cristo Rey. En este aniversario tan importante para nosotros, nuestro primer agradecimiento es para Dios por supuesto, y para nuestra Madre la Santísima Virgen María que ha extendido su manto protector sobre nosotros. Pero luego para él, su fiel ministro. Esperamos que esté en el cielo, disfrutando del premio de tantos trabajos. Finalmente, no olvidamos a todos los padres que han sido parte de esta historia ya larga. Ni podemos olvidar tampoco, a tantas almas generosas de los fieles que se la jugaron haciendo posible esta historia.
¡Viva Cristo Rey!

Con mi bendición,
Padre Pablo González.

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